Un cristal a través del cual se ve
Un avión de línea tiene ventanillas pequeñas y altas, y desde tierra no se ve el interior. Una Cessna, un Robinson o un King Air son distintos. Tienen cristales alrededor de toda la cabina, y cuando uno de ellos rueda junto a la valla del aeropuerto se ve al piloto con sus auriculares, el panel de instrumentos delante de él y a quien vaya sentado detrás.
Durante mucho tiempo, los cristales de nuestros modelos estaban solo pintados: superficies oscuras como en un juguete, sin nada detrás. Desde el 21 de octubre, en doce tipos ya no es así. El cristal es transparente y detrás hay una cabina: un panel de instrumentos bajo su visera antirreflejos, asientos, un suelo, pedales, en un helicóptero los mandos de vuelo y el mamparo del fondo. Y personas en los asientos.
Transparente no quiere decir invisible, eso sí. El cristal de verdad está ligeramente tintado y refleja el cielo, y cuanto más de lado se mira, más espejea. El nuestro también. De frente se ve el interior; de lado, brilla el cielo en él. Y como la luz solo entra en la cabina por las ventanillas, dentro hay penumbra, más oscura en una cabina grande que en la burbuja de un Robinson, igual que en las fotos.


¿Hasta qué punto nos acercamos? A la izquierda, un King Air 350 de la Real Fuerza Aérea Australiana rodando en Canberra. Tras la ventanilla lateral de la cabina de mando va un piloto con auriculares. A la derecha, nuestro modelo desde el mismo lado: las ventanillas redondas de la cabina, la ventanilla de la cabina de mando en forma de D y detrás una cabeza con auriculares.
También nos aseguramos de que la cabina se quede dentro. Cada asiento, cada panel y cada persona tiene que caber en el fuselaje, incluso donde se estrecha hacia el morro. Lo que asomaría por el costado se hace más pequeño, y donde eso no basta, se deja fuera. Y el borde del cristal va exactamente donde antes estaba la ventanilla pintada, así que por fuera el avión no ha cambiado de forma ni un centímetro.


Quién va delante
El piloto de helicóptero se sienta casi siempre en el asiento derecho. Con la mano derecha sujeta el cíclico, la palanca entre las rodillas, que no puede soltar en vuelo. La izquierda descansa sobre el colectivo, que sí puede soltarse un momento, y con esa mano alcanza entonces la radio y los interruptores del centro de la cabina. En un avión, el comandante manda desde el asiento izquierdo.
Nuestra vista 3D lo respeta. Una Cessna, un Cirrus, un Piper o un King Air llevan al piloto a la izquierda; un Robinson, un Bell o un EC145 de rescate, a la derecha. El asiento del piloto nunca queda vacío, por vacío que esté el resto del aparato.
La ropa también cambia. Los pilotos de avionetas, del Robinson y de los Bell 206 y 407 llevan auriculares. Las tripulaciones de los helicópteros de rescate EC145 y Bell 429 van con casco y mono rojo, como los llevan los equipos de rescate en muchos países. El histórico P-51 Mustang tiene un único piloto con casco bajo su cúpula de burbuja. El T-6 Texan, un avión de entrenamiento, es un tándem: el alumno delante, el instructor detrás.
Robinson R44 · Bell 206


Bell 407 · EC145


Bell 429 · Cessna 172


Cirrus SR22 · Piper PA-28


King Air 200 · King Air 350


P-51 Mustang · T-6 Texan


En un helicóptero se nota desde el costado dónde va el piloto. En el EC145, la tripulación con casco ocupa la parte delantera y la cabina. Un Bell 407 lleva pasajeros además del piloto, y como él va delante a la derecha, desde el lado izquierdo se ve sobre todo a los pasajeros.


Uno, dos o lleno
Cuántas personas van a bordo es algo que un avión no transmite. Su transpondedor envía posición, altitud, velocidad e indicativo, pero no el número de pasajeros. Un Robinson de cuatro plazas vuela a veces solo con el piloto y a veces con toda una familia.
Así lo dibujamos también. Cada aparato recibe su propia tripulación, desde una persona hasta la cabina llena, y cualquier número es tan probable como cualquier otro. Un King Air 350 tiene diez asientos, dos en la cabina de mando y ocho en la cabina de pasajeros, así que en él van entre una y diez personas. Quién se sienta dónde también se sortea, y el piloto siempre está entre ellos.
El sorteo se hace una vez y se mantiene. Sale de la dirección que transmite el avión, que es solo suya, no del reloj ni de una moneda lanzada al aire en su navegador. Si vuelve al mismo avión mañana, dentro de una semana o desde otro ordenador, las mismas personas ocupan los mismos asientos. Si sorteáramos de nuevo cada vez que mira, los pasajeros saltarían de asiento en asiento cada vez que se moviera la cámara.

En el King Air, los pasajeros se sientan junto a las ventanillas redondas a ambos lados del pasillo, y delante, tras la ventanilla lateral en forma de D, los dos pilotos.
Con los demás tipos pasa lo mismo. Una Cessna o un Robinson llevan de una a cuatro personas, un T-6 una o dos, y un P-51 tiene un único asiento, que siempre está ocupado.

Un día de un King Air
Por la mañana, un King Air espera en un puesto de estacionamiento junto a la Terminal 3 de Praga. Los motores están apagados, las hélices quietas, la cabina vacía. Así se ve un avión que no ha ido a ninguna parte durante la noche, y es también todo lo que sabemos de él en ese momento: que está ahí.
Nadie ve subir a la gente, pero sabemos cuándo ya está dentro. En cuanto el avión empieza a rodar por la calle de rodaje, los motores están en marcha, las hélices giran y la tripulación está sentada en la cabina. En el despegue, en el aire y en el aterrizaje siguen en sus asientos. Cuando el avión llega a su puesto y se queda parado un rato, los motores terminan de girar y la cabina se vacía. Y cuando un tractor empieza a empujarlo hacia atrás para sacarlo del puesto, la tripulación ya está a bordo, aunque los motores todavía no funcionen.
También pensamos en la espera junto a la pista. Un avión que se queda un minuto en el punto de espera antes de despegar sigue con los motores en marcha, así que nadie desaparece de la cabina. Solo se vacía tras una parada más larga.
En las imágenes de abajo es siempre el mismo avión con las mismas personas. Por la mañana sale de su puesto y despega por la pista 24, por la tarde vuelve a más de tres kilómetros de altura, al caer la tarde toma tierra en la misma pista y al anochecer está donde empezó su día. Vacío.
Mañana · en el puesto, luego rodaje


Despegue · de vuelta por la tarde


Atardecer · aterrizaje, luego otra vez el puesto


Al caer la tarde, también cambia el cristal. A medida que oscurece, se oscurece y refleja el cielo nocturno en lugar de uno azul, y la cabina que hay detrás se hunde en la sombra. Así es también en la realidad: de noche, los pilotos atenúan las luces de la cabina de mando para poder ver hacia fuera.
Y otra cosa en la que no se fijará a primera vista. Un cristal transparente con una cabina y personas detrás es trabajo extra para su ordenador. Por eso solo lo recibe el avión que sigue o selecciona, y cualquier avión que mida en su pantalla al menos unos trescientos píxeles de largo, más o menos una quinta parte de una ventana de portátil. Los demás conservan sus cristales pintados, solo que más claros que antes. En una plataforma llena de aviones solo los más cercanos reciben cabina, y la escena no se ralentiza por ello.

En un avión el piloto va a la izquierda, en un helicóptero a la derecha. En nuestro 3D también.
